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NATIVIDAD CARRERA MARCOS, 97 AÑOS, FERMOSELLANA.

En 1919 dejo mi casa en Fermoselle; aquella de piedra recostada sobre la sierras, con sus sólidas paredes,  el balcón alegre a los tejados, la sala, el caldero, la fuerza y el coraje de mi madre, viuda con 8 hijas, mi familia; para venir de la mano de una hermana mayor, Consuelo, y llegar un 19 de Noviembre a esta bendita tierra.

Declarando una edad menor para pagar medio pasaje  y siendo mi hermana también menor de 18 años, viaje con el nombre de Concepción Maria, y el apellido González; este apellido se lo debo a una familia a quien me confiaron, que nunca volví a ver luego de estar un tiempo en el Hotel de Inmigrantes, y no se la suerte que corrieron.

Hete aquí que yo nunca tuve un ingreso legal a la Argentina y registro en inmigraciones. Pero pese a ello aquí estoy para relatarles como continuo mi vida.

Fui recibida por otra hermana, Teresa, ella ya casada me brindo junto con su esposo, cariño y protección  y me hizo sentir que pese a que la dura separación de mis afectos, mi país, y mi niñez; había posibilidades que hicieron moderar todo ese abrupto quiebre en la vida de una niña de 10 años. Pero la dicha no siempre dura. Tenia otra hermana en Rió Cuarto, Córdoba, que con su esposo había instaladazo una muy buena confitería  “El Águila”, ella la segunda de las mayores, le había pedido a mi madre me enviara para ayudarla y brindarme una buena instrucción. Como había sido convenido de antemano, Naty, este es mi sobrenombre, fue enviada a Rió Cuarto, a envolver caramelos, repartir pedidos y cuantos trabajos y mandados hiciera falta, estudiar a la una de la mañana, ni pensar!, solo quería dormir. Así pasaron cuatro largos y duros años. Con ello mi hermana y cuñado dijeron que pagaba el pasaje de mi madre….

Creo que nací y crecí con espíritu indómito y no acepte el duro servilismo que quisieron imponerme y así con las propinas que gane con los repartos escribí a mi hermana Teresa para que facilitara mi regreso a Buenos Aires. No toleraba más esta situación!

Ella hizo que volviera a Buenos Aires. Aquí por supuesto que debía trabajar y aprendí el oficio de sombrerera. Esta profesión me lleno de felicidad, el armar un fieltro en verano no es agradable pero ver terminadas esas estructuras de arte y refinamiento que usábamos las mujeres de aquellos tiempos fue un verdadero privilegio y placer y también discreta recompensa económica.

En 1927 llegaron mi madre y mis hermanas más pequeñas. De esta manera quedo formada la familia en Argentina tres hermanas, y tres hermanas se fueron a Chile, y una quedo en Fermoselle.

Grande fue la alegría reunirnos si bien estábamos dispersas, Mama, Maria y yo, varias veces viajamos a Chile y que colosal estar reunidas casi todos los hermanas después de habernos separado y tomado rumbos tan distantes.

El 1939 me case con José Suárez, mi entrañable Pepe, tuvimos a Susana nuestra única hija y con algunos altibajos en lo económico transitamos nuestras vidas y dejamos nuestra gran y magnifica obra: los que nos siguen, habo en plural por que aunque ya él ya no este, juntos dimos esa continuidad en Susana, nuestra hija, Valeria y Federico, nuestros nietos, y Juan Cruz y Manuel Agustín, nuestros biznietos.

En este relato quise mas que hacer una historia, hacer llegar las vivencias de una emigrante paro también comunicar la posibilidad que tuvimos de abrir caminos, algunas veces llenos de escollos, altibajos; otras veces serenos y mansos pero siempre apuntando al bien y en dejar una herencia de estirpe hispánica, y una fe fundamentada en Dios.

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Email: centrozamorano@centrozamorano.com.ar